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Más cerca de un futuro sin humo

13/02/2003 00:00

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El Plan Nacional de Prevención y Control del Tabaquismo constituye un punto de inflexión en la lucha contra el tabaco en nuestro país. Si se cumplen los objetivos marcados por él, el porcentaje de españoles que fuma se reducirá en un 6 por ciento dentro de cuatro años, situándose por debajo del 30 por ciento.

El Plan Nacional de Prevención y Control del Tabaquismo, que sienta las bases que regirán las acciones destinadas a combatir esta adicción, ha recibido la aprobación unánime de los agentes implicados en la lucha antitabaco. Por primera vez las autoridades sanitarias de nuestro país cuentan con un documento de referencia con objetivos concretos para los próximos años, aunque todo el camino para alcanzarlos está aún por recorrer.

“Desde el movimiento de prevención del tabaquismo vemos el plan con mucha simpatía. Se establece una lista de cosas por hacer, pero queda mucho trabajo para convertir estos buenos deseos en medidas concretas de protección contra el tabaco”, señala Juan Ramón Villalbí, presidente del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, constituido por 24 organizaciones comprometidas con la lucha contra esta preocupante epidemia.

Una de las medidas contempladas en el plan es la elevación del precio de los cigarrillos mediante la aplicación de una mayor fiscalidad. Hay estudios que señalan que un aumento del 10 por ciento en el precio del tabaco conlleva reducciones en la demanda de hasta un 4 por ciento. No obstante, la estructura de precios vigente en nuestro país resta efectividad a este tipo de medidas.

“En España hay un abanico amplio de productos con grandes diferencias de precios, lo que permite a muchos fumadores comprar marcas más baratas ante una subida en los impuestos”, explica Villalbí. “Las propias multinacionales, conscientes de este fenómeno, han introducido nuevas marcas que compiten con los productos nacionales en el segmento de precios más bajos”. La solución, según este experto, pasa por aplicar una fiscalidad más alta a las marcas más baratas para que el incremento en su precio en sea aún mayor.

Humo ambiental

El plan hace referencias concretas a la protección contra el humo del tabaco en los lugares públicos y en los centros de trabajo. Para el año 2003, al menos el 95 por ciento de los centros sanitarios, docentes y de la Administración Pública serán espacios sin humo. Igualmente, el 70 por ciento de las empresas tendrán zonas libres de humo en 2005. “Al ser un agente cancerígeno demostrado, esperamos que se aprueben normativas destinadas a proteger a los trabajadores y se encomiende a las autoridades laborales la vigilancia de su cumplimiento, al igual que ocurre con otros contaminantes como el amianto, el plomo o el mercurio”.

Las autoridades sanitarias también contemplan acciones destinadas a prevenir la incorporación de adolescentes al hábito tabáquico y retrasar a los 14 años la edad media de inicio, que actualmente se sitúa en los 13,2 años. El plan incluye suprimir las máquinas expendedoras que no distingan la edad del comprador, promover la venta personalizada como forma principal de adquisición de tabaco, elevar la edad legal para comprar tabaco a los 18 años en todo el territorio nacional y prohibir la venta paquetes de menos de 20 cigarrillos, un producto dirigido claramente a adolescentes.

“La proliferación de máquinas expendedoras es una estrategia muy reforzada por la industria como instrumento de venta a menores. Aunque ya existe la obligación de situarlas en lugares donde puedan ser supervisadas por los titulares de los establecimientos, basta con dar un paseo por zonas comerciales para ver que esta norma se incumple con frecuencia”, denuncia Villalbí, quien también desconfía de la efectividad de elevar la edad legal para comprar productos derivados del tabaco.

Unidades de tabaquismo

“Existe la obligación ética de aprobar esta norma, pero su valor preventivo es modesto, ya que los adolescentes empiezan a fumar en parte porque supone saltarse una norma”. El experto también echa de menos objetivos más ambiciosos en relación con la prohibición de la publicidad del tabaco, que es el principal medio utilizado por la industria tabaquera para seducir a los menores de edad.

La ayuda a los fumadores que desean abandonar su hábito es otra de las grandes líneas de acción del plan y la que necesitará mayores recursos económicos. “Por un lado, se deberá ampliar la red de unidades de tabaquismo y cubrir el conjunto del país. Además, se deberán buscar fórmulas imaginativas para financiar el acceso gratuito a los tratamientos farmacológicos existentes, cuya efectividad está demostrada”, apunta Villalbí, quien sugiere la creación de líneas telefónicas gratuitas para aconsejar a los fumadores, un método que se ha demostrado efectivo en otros países.

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