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Última actualización: Lunes, 9 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 14:41h.
Los pulmones poseen unos recubrimientos membranosos llamados pleuras. Estas pleuras serían de dos tipos: la pleura parietal, que está en contacto directo con el tórax; y la pleura visceral, pegada a los pulmones. Cuando entre ambas membranas se introduce una cantidad de aire, la pleura interior y exterior se despegan, provocando así el neumotórax. Este tipo de enfermedad suele afectar más a los varones de entre 20 y 40 años, incrementando el riesgo si el paciente es fumador habitual.
Entre las causas del neumotórax podríamos encontrar dos tipos: las intratorácicas y las extratorácicas. Las intratorácicas tienen su origen en el propio pulmón, como la rotura de una burbuja de aire, fibrosis quística, etc. Las causas extratorácicas son aquellas originadas por lesiones externas: fracturas en las costillas debido a un accidente, apuñalamiento e incluso por una presión inadecuada en un paciente intubado.
Como consecuencia del colapso del pulmón afectado, los primeros síntomas que suelen aparecer en el 80-90 por ciento de los casos suelen ser una dificultad respiratoria acompañada por dolor en el área torácica que se localiza. Este dolor se ubica en el costado del pulmón que está sufriendo el neumotórax, suele ser de tipo repentino e intenso. La aceleración del ritmo cardíaco, sudoración excesiva, palidez y tos fuerte en ocasiones con sangre son síntomas más secundarios que se presentan en un número de pacientes más reducido. También hay entre un 5 y un 10 por ciento de los pacientes que no perciben ningún síntoma propio del neumotórax.
No se conoce ninguna manera de poder impedir la aparición del neumotórax; sin embargo, se puede evitar dejando de fumar en el caso de pacientes con esta adicción. A las personas con antecedentes de esta enfermedad se les recomienda no realizar actividades como el buceo.
Según la causa que provoque el neumotórax, podrá ser de tipo:
Para determinar si en el paciente existe o no neumotórax, habría que realizar un diagnóstico clínico; es decir, un diagnóstico en el que se incluyan exploraciones adicionales a las físicas. En primer lugar hay que contrastar si los síntomas que se presentan son los propios del neumotórax (dolor torácico, respiración dificultosa). Pero para tener la certeza lo conveniente es realizar una radiografía en espiración y en determinadas proyecciones. Sin embargo, el neumotórax puede confundirse con otras patologías, como un infarto agudo de miocardio, pericarditis, perforación gástrica o una crisis asmática. En las radiografías, si existe alguna otra enfermedad pulmonar, ésta se puede confundir con el neumotórax, por lo que sería conveniente elaborar un diagnóstico diferencial.
La finalidad del tratamiento consiste en que el pulmón se expanda, volviéndose a unir los dos recubrimientos membranosos llamados “pleuras”. El procedimiento varía en función del tipo de neumotórax. Si se padece por primera vez, y no es muy extenso, bastará con un reposo de 5 días; si no hay reabsorción en este periodo de tiempo habrá que recurrir a algún tipo de drenaje. Si el neumotórax es de carácter un poco más intenso, se podrá tratar evacuando el aire de la hendidura por aspiración con aguja también. En las situaciones de carácter grave, se recomienda someterse a cirugía. Una de estas circunstancias puede ser el colapso de ambos pulmones, por ejemplo. Se ha comprobado que el tratamiento con drenajes de pequeño tamaño suelen ser poco traumáticos y aportan resultados excelentes.
La depresión es común en pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y se ha relacionado tradicionalmente con la gravedad de la enfermedad y el deterioro de la calidad de vida.
©2009. Madrid. Unidad Editorial, Revistas
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