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MADURACIÓN Y GENÉTICA

TDAH, un riesgo añadido a la adolescencia

El déficit de atención se caracteriza por un defecto en la maduración de algunas regiones cerebrales implicadas en el comportamiento.

María José Puertas   |  14/06/2011 00:00

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Fernando Mulas, Antoni Ramos-Quiroga, Javier Quintero, Javier San Sebastián y Francisco Montañés.

Fernando Mulas, Antoni Ramos-Quiroga, Javier Quintero, Javier San Sebastián y Francisco Montañés. (José Luis Pindado)

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El Instituto Tomás Pascual para la Nutrición y la Salud ha organizado un seminario dedicado al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en el que han participado importantes especialistas nacionales con el objetivo de informar a profesionales de la salud, familiares y profesores, así como para crear un foro de debate de la actual situación de esta enfermedad.

El déficit de atención se caracteriza por un defecto en la maduración de algunas regiones cerebrales, como el área prefrontal, implicadas en la capacidad de atender y controlar el comportamiento, que son los síntomas que tienen estos niños. Afecta a un 6 por ciento de la población infantil (ver DM del 7-VI-2011) y "da igual en qué parte del mundo se hagan los estudios de prevalencia, porque ésta prácticamente siempre es similar", ha afirmado Javier Quintero, jefe de Psiquiatría del Hospital Infanta Leonor, de Madrid.

"Se trata de un trastorno con bases genéticas que debuta en la infancia, continúa en la adolescencia y se sabe que un 2-3 por ciento de los afectados no habrán podido compensarlo cuando lleguen a la edad adulta", ha advertido Quintero. La falta de tratamiento puede provocar problemas de rendimiento escolar y disminución de la calidad de vida a corto, medio y largo plazo. Además, "multiplica por cuatro la posibilidad de consumir drogas, y por cinco la de sufrir un trastorno de personalidad". Sin embargo, Quintero ha afirmado que "el TDAH no es una tragedia; es un riesgo sobreañadido a una infancia y adolescencia ya compleja".

Del neurodesarrollo
Según Javier San Sebastián, jefe de la unidad de Psiquiatría del Niño y del Adolescente del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, "el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo y de la maduración del cerebro. Hay una alteración en la neurotrasmisión a nivel del sistema dopaminérgico y noradrenérgico. Tiene una causalidad genética, una expresión psicopatológica, y en consecuencia no depende del ambiente, como puede ser una mala educación, una excesiva permisividad o un mal enfoque del ámbito escolar. Sin embargo, el ambiente sí que influye mucho, y de hecho estos niños son muy sensibles al entorno".

"Su diagnóstico se basa en la tríada sintomática: déficit de atención, hiperactividad e impulsividad. Estos tres síntomas deben haber estado presentes al menos durante los seis últimos meses, no de forma puntual, y algunos antes de los seis o siete años. Para su diagnóstico es fundamental la información que aporta el niño, la que de la familia, y la que dan los profesores. Con respecto a los adultos, el TDAH se encuentra detrás de muchas máscaras. Su comorbilidad es muy alta: un 70-80 por ciento de los casos también tienen otro trastorno", ha explicado San Sebastián.

Antoni Ramos-Quiroga, coordinador del programa TDAH del Hospital Universitario Valle de Hebrón, de Barcelona, ha destacado que si bien el 6 por ciento de los niños tienen esta disfunción, "sólo el 1,8 por ciento está tratado, porcentaje que en los adultos disminuye hasta a un 0,07. Esto hace que sea un trastorno infratratado e infravalorado a pesar de existir unas excelentes guías basadas en la evidencia científica. Para un TDAH leve se recomienda un tratamiento cognitivo conductual psicológico, y para un caso moderado o grave éste se complementará además con fármacos como el metilfenidato o la atomoxetina en función de las características del paciente". Asimismo, Ramos-Quiroga ha recomendado hacer una revisión del tratamiento cada tres meses y Quintero ha añadido que, "si bien los fármacos casi siempre son necesarios, casi nunca son suficientes, pues también hay que trabajar con la familia, con el niño y en la escuela".

Últimas investigaciones
Fernando Mulas, jefe de Neuropediatría del Hospital Universitario La Fe, de Valencia, ha anunciado que en estos momentos se está intentando averiguar cuáles son los genes implicados en el TDAH y cuáles los genes implicados en la respuesta a la medicación: "Se ha visto que aquéllos con algunas variantes del CYP2D6 son metabolizadores lentos y sufren más efectos adversos a la atomoxetina". Además, ha destacado el papel de la escuela en el diagnóstico: "Los maestros son fundamentales a la hora de detectar el problema".

Francisco Montañés, jefe de Psiquiatría de la Fundación Hospital Alcorcón, de Madrid, ha señalado que el papel de la comunicación interprofesional "se debe mejorar para evitar el infradiagnóstico de la enfermedad". Apuntó en esta línea a la importancia de la coordinación de los integrantes de los equipos multidisciplinares en el seguimiento del paciente. 

 

Refuerzo positivo y educación, fundamentales en el TDAN

Natalia García, psicóloga del Instituto Neuroconductual de Madrid, ha recomendado reforzar la autoestima y centrar la atención en conductas positivas, pues "los mensajes de estímulo inducen a la cooperación y los desalentadores a la resistencia. Se aumenta la probabilidad de que una determinada conducta positiva se repita en el futuro si ésta se reconoce o se premia". Además, ha propuesto a los familiares un sistema de economía de fichas por el cual el niño va ganando fichas cuando tiene un buen comportamiento y cumple sus tareas -que están especificadas en una hoja de forma que él las entienda perfectamente- y luego puede cambiarlas por actividades lúdicas de diferente valor, como pueden ser leer un cuento con los padres, ir al cine o al parque de atracciones. Isabel Orjales, profesora de la Facultad de Psicología de la UNED, ha señalado que "los niños con TDAH tienen una madurez dos o tres años menor que sus compañeros de clase". Para evitar el fracaso escolar considera necesario que en el colegio se comprenda qué es el TDAH y se actúe sobre los síntomas interviniendo tanto en el aula como fuera de ella. Ha destacado el papel de la educación, pues "se nace con TDAH, pero la expresión del trastorno puede darse a lo largo del desarrollo y la educación puede actuar como moderadora o inhibidora de ese potencial".

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