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El Hospital Universitario Valle de Hebrón, de Barcelona, ha comenzado a operar con tecnología robótica la obesidad mórbida de pacientes pediátricos. Este abordaje quirúrgico debe reservarse para aquellos pacientes en los que ha fracasado el balón intragástrico.
Javier Granada Revilla | 08/03/2012 00:00
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José Manuel Fort y Ramón Villalonga, durante la intervención. (Hospital Calle de Hebrón)
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Los cambios en los hábitos alimentarios y de estilo de vida provocan pocos cambios en los obesos mórbidos severos, por lo que se suele optar por la colocación de un balón que, tras ser retirado a los seis meses, puede llevar a que los enfermos recuperen e incluso aumenten de peso.
"Por este motivo nos encontrábamos con pacientes adolescentes obesos mórbidos, con comorbilidades graves asociadas como hipertensión y diabetes en los que se había intentado todo -incluso el balón intragástrico-, por lo que no quedaba otra solución que el abordaje quirúrgico de los adultos. Los endocrinólogos pediátricos del hospital contactaron con nuestra unidad de obesidad, porque tenemos una amplia experiencia en estas cirugías: empezamos a operar hace 11 años, con más de 600 pacientes operados", ha recordado José Manuel Fort, jefe de sección de cirugía endocrina, bariátrica y metabólica del Hospital Valle de Hebrón, de Barcelona.
Existen tres abordajes distintos a estos pacientes: el primero es la banda gástrica, que se coloca por laparoscopia, mientras que el segundo es la gastroplastia tubular, que es la que se utiliza habitualmente y que consiste en cortar el estómago de forma vertical, dándole una forma de tubo en vez de la de saco que tiene; la tercera técnica es el bypass gástrico.
"Pensamos que para este tipo de pacientes la técnica idónea era la gastroplastia tubular, también conocida como gastrectomía vertical. Además, optamos hacerla por vía robótica, ya que tenemos una gran experiencia con este tipo de intervenciones. Acabamos de presentar los resultados de 65 pacientes operados con sleeve robótico", ha destacado.
Buenos datos
Fort ha recalcado el excelente resultado obtenido en los tres pacientes pediátricos operados, que están perdiendo mucho peso, con buen estado de ánimo tanto de ellos como sus padres y con una normalización de las comorbilidades que sufrían.
"La elección cuidadosa del tipo de paciente es la clave: las decisiones se toman en un comité formado por anestesistas, endocrinólogos y cirujanos, tanto pediátricos como de adultos, y también juega un papel destacado la paidopsiquiatría, porque el paciente debe tener una madurez tanto física como psicológica".
Control del desarrollo
Debe tenerse claro que la cirugía no alterará o modificará su desarrollo y que el paciente tenga el grado de madurez suficiente para que no se altere su evolución cognitiva. Y "si el paciente o su familia no reúnen las condiciones porque se ve que no van a colaborar o no se va a poder hacer una dieta, ya no entra en el programa. Con toda esta información se presenta el caso, los profesionales médicos opinamos y se decide cada caso".
Los cirujanos también apuntan que hay que asegurarse que la operación será un éxito, para lo que es necesario la colaboración tanto del paciente como de su familia.
En su opinión, tanto los pacientes como sus familias asimilan bien el proceso de reeducación alimentaria y de hábitos de vida saludable tras la cirugía "ya que son pacientes que llevan muchos años de seguimiento, por lo que están acostumbrados a los médicos y a los dietistas y, especialmente, a los psiquiatras".
La investigación toxicológica en medicina de urgencias arroja al menos dos conclusiones importantes: las drogas emergentes legales plantean un reto y para afrontarlo es esencial la participación de los laboratorios de toxicología y, además, el número de intoxicaciones provocadas por cocaína que llegan a los servicios de urgencias continúa estable desde el año 2002.
©2009. Madrid. Unidad Editorial, Revistas
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