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Un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos, ha identificado el mecanismo molecular que hace a los ácidos grasos omega-3 tan efectivos en la reducción de la inflamación crónica y la resistencia a la insulina. El descubrimiento podría ser el primer paso en el desarrollo de nuevos complementos alimentarios para los afectados de enfermedades como la diabetes.
DM | 03/09/2010 00:00
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El estudio, que se publica en el último número de Cell, está coordinado por Jerrold Olefsky, del citado centro, cuyo grupo ha identificado un receptor clave en los macrófagos que se expresa de forma significativa en el tejido adiposo de personas obesas.
Macrófagos e nflamación
Según el trabajo, los ácidos omega-3 son capaces de activar este receptor de macrófagos, desencadenando una serie de efectos antiinflamatorios y mejorando la sensibilidad sistémica a la insulina.
Una de las claves ha sido el análisis de receptores celulares respondedores a ácidos grasos. Ciñeron su estudio a un receptor de proteína G conocido como GPR120, perteneciente a una familia de moléculas señalizadoras vinculadas con numerosas funciones celulares. Según han determinado, este receptor sólo se encuentra en macrófagos proinflamatorios de células grasas maduras. Si se expone a ácidos omega-3, específicamente al ácido docosahexaenoico (DHA) y el ácido eicosapentaenoico (EPA), el receptor GPR120 se activa y genera la reacción antiinflamatoria.
De esta forma, el aceite de pescado omega-3 gana puntos como posible terapia, aunque los investigadores señalan que hay que determinar qué cantidad es la más recomendable.
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